martes, diciembre 9

En una mesa

Sentados en una mesa
te miré y vi un hombre simple
disfrutando de la música
y la gente
reconociendo el ritmo
de las canciones
haciendo un lado
lo demás
acorde a la intención
del lugar
en un despreocupado gesto
que afirmaba con tristeza
la suerte de lo efímero

martes, agosto 5

Abandono

Tal vez debí crecer como isla
con el mar mordiendo al tiempo
y el cielo despidiéndose
cada noche
¿Dónde habitan otros seres?
¿Dónde se despiden ellos del cielo?
Me preguntaría cada noche
resistiéndome
y todas las mañanas lavaría mi recuerdo
me acunaría el canto de visitantes nuevos
de raras formas
el olor ácido del viento
y después de mucho
mucho tiempo
y después de tanto
tanto miedo
afirmaría mi dolor
depositando la piedad
en el abandono de los mares.

domingo, junio 15

Cosas pendientes

Quizás después
podré decir
que la vida es corta
que todo fue
demasiado rápido
que la breve trama de los días
no alcanzó
no fue suficiente
pero hoy me encuentro aquí
en mi escritorio
delante de la misma ventana
que contemplaba cuando era niña
y está mi trabajo
aún sin terminar
y está mi vocación
aún sin definir
y me enfrento una vez más
a la despaciosa exactitud
del calendario

martes, junio 3

Un lugar

La risa entre vos y yo
tu manera de mirar
mis manos
sin animarte a hablar
el tiempo sin distancias
la voz apretada
de emoción
en la sala de un cine
en el asiento de un ómnibus
a las siete de la tarde
todo
fue quedando
agolpándose
en un lugar
que ya era nuestro




miércoles, enero 15

Los objetos
no nos ven pasar ni graves
ni correctos ni precisos
como a fantasmas
temblando
en un raro desacierto
de palabras y sueños
de canciones e historias
de felicidades y remordimientos.
Los objetos simplemente son
amarillos, ásperos o viejos.
(Objeto es este libro, aquella cámara
o la carta que escribiste para mí.).


Adivinanza

Se pronuncia entera
sobre cada cosa.
No se detiene.
Podría ser matemática
o poesía.
No importa.
Y es capaz de envolverlo todo,
menos el sueño.




Luces del verano

Tranquilidad incierta
resplandeciendo grave
en las luces del verano
correteando a la hora
de la merienda
cuando nadie pone atención
y las horas parecen irse
con mayor fluidez
recordándonos
lo corta que es la vida
y a veces
tan brillante, tan dispersa,
tan perversamente colorida.

Morir

Alguna vez
habrá que arriesgarse
y morir
una tarde cualquiera
sobre una cama
con la mirada pulcra
la pena intacta
y los recuerdos
atisbando cerca
sin perder detalle.